El exceso de azúcar en la primera infancia eleva en más de un 20 % el riesgo de enfermedades crónicas

Por Irina Salazar

El consumo de azúcares ha pasado de ser un placer ocasional a convertirse en un hábito cotidiano para millones de familias en todo el mundo. En la actualidad, numerosos productos industrializados contienen cantidades elevadas.

Diversos estudios advierten que el exceso de endulzantes artificiales puede acarrear serias consecuencias para la salud, especialmente cuando su consumo se inicia durante la infancia. El problema no solo está en la cantidad, sino también en el momento en que el organismo es expuesto, ya que las preferencias por alimentos dulces que se adquieren en los primeros años tienden a consolidarse.

El consumo alto de azúcares añadidos en la infancia se asocia con efectos que pueden durar décadas. Según investigaciones recientes publicadas en la revista Science y analizadas por especialistas de la Universidad Del Sur de California y la Universidad de Colorado, la exposición temprana se asocia con un aumento del riesgo de enfermedades crónicas en la vida adulta, como hipertensión y diabetes tipo 2.

No obstante, no todo el azúcar es igual. Mientras que la que se encuentra de forma natural en frutas enteras aporta fibra y micronutrientes, el añadido carece de valor nutricional y desplaza el consumo de alimentos saludables. Por lo cual la organización mundial de la salud, señala que lo ideal es que su consumo represente menos del 5 % de la ingesta calórica total.

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