La guerra contra Irán proyecta un impacto financiero devastador que superará los $194.000 millones en pérdidas para la región. Este desplome económico amenaza con revertir años de crecimiento y estabilidad en el hemisferio, afectando la infraestructura productiva de las naciones involucradas.
El retroceso no se limitará únicamente a las zonas de combate, ya que incluso las potencias del Golfo Pérsico verán comprometido su desarrollo humano. Analistas advierten que la crisis interrumpirá las cadenas de suministro y encarecerá servicios básicos a nivel global.

Como consecuencia directa de esta parálisis financiera, se estima que cuatro millones de personas caerán bajo el umbral de la pobreza. El conflicto está destruyendo el tejido social y las oportunidades de empleo que se habían consolidado en la última década.
Esta situación deja una huella profunda en el progreso de la región, donde la prioridad ha pasado de la expansión económica a la supervivencia básica. Los organismos internacionales monitorean con preocupación cómo la guerra borra los logros alcanzados en desarrollo y bienestar.