Moscú fue escenario este 18 de junio de un masivo ataque con drones atribuido a Ucrania, considerado el más grande contra la capital rusa en los últimos dos años de guerra. La ofensiva provocó incendios en distintos puntos de la ciudad y su periferia, además de afectar el funcionamiento de los principales aeropuertos, donde se registraron cientos de vuelos retrasados.
De acuerdo con reportes oficiales y autoridades locales, los drones impactaron infraestructuras estratégicas, entre ellas la refinería MNPZ, una de las más importantes de Moscú por su capacidad de abastecer más de un tercio del combustible que consume la capital rusa.

El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, calificó el hecho como un ataque “a gran escala”, aunque no precisó el nivel de daños que sufrió la instalación energética. En el lugar, testigos reportaron columnas de humo negro y llamas visibles en el distrito de Kapotnia, en el sur de la ciudad.
El impacto del ataque también se extendió al transporte aéreo, con interrupciones en las operaciones de varios aeropuertos y retrasos en numerosos vuelos, lo que generó afectaciones en la movilidad de la capital rusa durante la jornada.
Tras la ofensiva, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski afirmó que el pueblo ruso “empieza a sentir” las consecuencias de la guerra, señalando que es el presidente Vladímir Putin quien la dirige, mientras la población civil asume sus efectos. En otro mensaje, advirtió que si Ucrania arde, “Moscú también arderá”.

El ataque, según la agencia estatal rusa TASS, se produjo en paralelo a una reunión del presidente Putin con líderes del sudeste asiático en la ciudad de Kazán, a unos 700 kilómetros de Moscú. El mandatario ruso no hizo referencia al ataque durante su intervención inicial.