Las milicias proiraníes que operan en Irak se han consolidado como uno de los principales instrumentos de influencia del régimen de Irán en la región. Estos grupos armados mantienen una estrecha relación con Teherán y desempeñan un papel clave en la estrategia para ampliar su poder político y militar en Medio Oriente.
Entre las organizaciones más relevantes se encuentran facciones integradas en las Fuerzas de Movilización Popular, además de grupos como Kataib Hezbollah, Asaib Ahl al-Haq y Harakat al-Nujaba. Aunque varias de estas milicias forman parte de la estructura oficial de seguridad iraquí, conservan autonomía operativa y reciben respaldo financiero, logístico y militar de Irán.

El fortalecimiento de estas organizaciones ha incrementado las tensiones con Estados Unidos y sus aliados en la región. En los últimos meses, diversas milicias han sido señaladas por ataques con drones y misiles contra bases militares y objetivos estratégicos, provocando respuestas militares y elevando el riesgo de una mayor escalada del conflicto regional.
Expertos consideran que esta red de grupos armados permite al régimen iraní proyectar su influencia más allá de sus fronteras sin involucrar directamente a sus fuerzas regulares. Esta estrategia le otorga capacidad para ejercer presión sobre gobiernos vecinos y responder a sus adversarios mediante actores aliados.
La creciente actividad de estas milicias representa un desafío para la estabilidad de Irak y del conjunto de Medio Oriente. Analistas advierten que su presencia dificulta el fortalecimiento de las instituciones iraquíes y aumenta el riesgo de nuevos enfrentamientos entre potencias regionales e internacionales.