El Ébola es una enfermedad grave y a menudo mortal que se transmite por contacto directo con los fluidos corporales de una persona infectada, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África.
El Ébola también puede transmitirse por contacto con materiales contaminados o con una persona que haya fallecido a causa de la enfermedad. Los síntomas suelen incluir fiebre, fatiga, dolor muscular, dolor de cabeza y dolor de garganta, seguidos de vómitos, diarrea y dolor abdominal, entre otros. Posteriormente, a medida que la enfermedad progresa, pueden producirse hemorragias internas y externas.
Según la OMS, las tasas de mortalidad por Ébola en brotes anteriores han variado entre el 25 % y el 90 %. La tasa de mortalidad promedio es de aproximadamente el 50 % según la Organización Médica Médicos sin Fronteras.
El Ébola es muy infeccioso, pero no extremadamente contagioso. Es infeccioso porque una cantidad ínfima puede causar la enfermedad. Al momento según los expertos en salud, no existen tratamientos ni vacunas aprobados específicos para el virus bundibugyo.