A pocas horas de que José Antonio Kast asuma la presidencia de Chile este 11 de marzo de 2026, la atención no solo está puesta en el inicio de su mandato, sino en la compleja red de alianzas internacionales que marcarán el tono de su administración. A pesar de su clara identificación con la derecha radical global, la ceremonia de investidura ha evidenciado una realidad diplomática más sobria y, en ciertos casos, distante de lo que inicialmente se proyectaba.
¿Una posesión solitaria?
La lista de invitados confirmados refleja un equilibrio entre la vecindad latinoamericana y el compromiso protocolar. Entre los mandatarios que han confirmado su presencia destacan Javier Milei (Argentina), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Daniel Noboa (Ecuador) y el mandatario boliviano Rodrigo Paz. La asistencia del Rey Felipe VI de Españaañade el componente institucional necesario para mantener la relevancia histórica de Chile en Europa.
Sin embargo, destaca la ausencia de figuras clave de la ultraderecha internacional que, en otros contextos, habrían sido aliados naturales. Líderes como Giorgia Meloni (Italia) y Nayib Bukele (El Salvador) no asistirán. A esto se suma una señal diplomática contundente desde Washington: la delegación de Estados Unidos será de bajo perfil, confirmándose que Marco Rubio no estará presente. Esta baja es sensible, pues se esperaba que el principal asesor de política exterior de Donald Trump fuera el puente simbólico entre la nueva administración chilena y la Casa Blanca.
De la «restauración» al «estado de emergencia»: La metamorfosis del discurso
El académico de la Universidad de Chile, Gilberto Aranda, sostiene que Kast ha realizado una adaptación estratégica de su narrativa. “Kast cambió su retórica del decadentismo —que denunciaba acuerdos entre la derecha tradicional y la izquierda— por una de emergencia”, explica Aranda.
Esta nueva narrativa, consolidada durante su última campaña, sostiene que el país enfrenta una crisis que deteriora la calidad de vida, un discurso que le permite mantenerse firme en temas migratorios y de seguridad, conectando eficazmente con un electorado preocupado por la estabilidad.
Entre Washington y Beijing: El dilema comercial
El analista Rodrigo Espinoza, de la Universidad Diego Portales, advierte que el mayor desafío para el nuevo mandatario será navegar la rivalidad entre Estados Unidos y China.
«El presidente no puede ignorar que China es el principal socio comercial de Chile. Probablemente va a tener que adoptar una posición más dialogante con ambos, tratando de conciliar intereses comerciales» señala Espinoza.
Este equilibrio será puesto a prueba tempranamente por temas críticos, como la infraestructura del cable submarino entre Chile y China, un proyecto que ya ha encendido las alarmas en Washington. El gobierno de Kast deberá decidir entre alinearse con la agenda de seguridad de sus aliados ideológicos (como Estados Unidos, Hungría o Italia) o ceder ante la realidad económica ineludible que impone la relación con el gigante asiático.
Un nuevo eje regional
La llegada de Kast al poder consolida un entramado político que busca dar un giro hacia el conservadurismo, con énfasis en políticas de seguridad y, potencialmente, un replanteamiento de la agenda sobre derechos sexuales, reproductivos e identitarios. Chile se suma así a una tendencia regional que busca redefinir su rol en el escenario global, aunque, en la práctica, las urgencias de la gobernabilidad podrían imponer un pragmatismo necesario que trascienda la «batalla cultural».
