Norcoreanos denuncian trato en Rusia por trabajo de 16 horas y 10 dólares de pago

Por Mercedes Pesantes

Bajo la fachada de programas estatales de empleo, el régimen de Corea del Norte mantiene una red de exportación humana que alcanza a 40 países. Se estima que unos 100.000 ciudadanos han sido desplegados globalmente, convirtiéndose en piezas de un engranaje financiero que prioriza las divisas sobre la dignidad.

Un negocio de 500 millones de dólares

Según el más reciente informe de Global Rights Compliance, este sistema de trabajo forzado inyecta aproximadamente 500 millones de dólares anuales a las arcas de Pionyang. Mientras el régimen financia sus ambiciones militares, los trabajadores —repartidos en sectores que van desde la construcción y la informática hasta la medicina— regresan a casa con las manos vacías o, peor aún, con deudas impagables.

Rusia: El epicentro de la precariedad

En el contexto de la guerra en Ucrania y la escasez de mano de obra local, Rusia se ha convertido en un destino crítico para estos trabajadores. Los testimonios recogidos en ciudades rusas revelan una realidad devastadora:

  • Vigilancia total: Control absoluto de movimientos y confiscación de pasaportes al llegar.
  • Jornadas extremas: Turnos de hasta 16 horas diarias, los siete días de la semana.
  • Salarios simbólicos: Tras deducciones y «cuotas estatales», algunos trabajadores perciben apenas 10 dólares al mes.
  • La trampa de la cuota: Cada empleado debe entregar al Estado una cuota mensual que ronda los 700 dólares. Si no alcanzan la cifra, el monto se acumula como deuda, creando un ciclo de esclavitud moderna.

«Vivimos peor que el ganado», confiesa un trabajador de 50 años, describiendo alojamientos hacinados, con plagas y sin calefacción, donde el acceso a una ducha es un lujo que ocurre una o dos veces al año.

Un sistema que burla las sanciones

A pesar de las restricciones internacionales de la ONU, las empresas rusas continúan contratando a estos ciudadanos, a menudo bajo esquemas de subcontratación opacos donde el trabajador ni siquiera conoce la identidad de su empleador final.

Este flujo de capital no solo sostiene la economía norcoreana, sino que permite a Rusia mantener sectores clave activos en tiempos de crisis. Mientras Corea del Norte niega oficialmente estas prácticas, los relatos de supervivencia confirman una crisis humanitaria que el mundo no puede seguir ignorando.

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