La tensión en Medio Oriente ha alcanzado un punto crítico tras la nueva oleada de ataques lanzada por Teherán, en represalía por la destrucción de un buque de guerra iraní a manos de la Armada estadounidense. Mientras el gobierno iraní amenaza con consecuencias severas para Washington, Israel ha respondido con bombardeos estratégicos sobre la capital persa y objetivos de Hezbollah en el Líbano.
En el plano político, el Senado de Estados Unidos respaldó la continuidad de la operación “Furia Épica”, rechazando una resolución que buscaba frenar las acciones militares ordenadas por el presidente Donald Trump. Bajo este escenario, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, advirtió que la campaña militar no tiene una fecha de terminación definida. La inestabilidad ya impacta la economía global: el bloqueo de rutas marítimas y el riesgo en el suministro energético han disparado el precio del crudo Brent un 15%.
El Estrecho de Ormuz continúa cerrado ¿Cuáles son las implicaciones?
El aumento del 15% en el crudo Brent (alcanzando los $85 USD por barril) es solo el inicio. Analistas de Wall Street advierten que si el bloqueo supera los 30 días, el barril podría superar los $120 USD, un nivel que no se veía desde los picos de la crisis de Ucrania en 2022. No es solo el precio del combustible. Las primas de seguro de riesgo de guerra para los buques se han multiplicado por diez, lo que encarece cada producto que viaja por mar, no solo el petróleo.
A diferencia de crisis anteriores, esta afecta drásticamente al gas:
Qatar exporta casi todo su GNL a través del Estrecho. Países como India, Pakistán y Bangladesh ya reportan riesgo de apagones masivos, ya que dependen del gas qatarí para sus centrales eléctricas. Aunque Beijing cuenta con reservas estratégicas para 90 días, un bloqueo largo la obligaría a competir agresivamente por crudo de África y América, elevando los precios para el resto del mundo.
Un cierre prolongado actuaría como un «impuesto global» al consumo:
El aumento del diésel encarece el transporte terrestre de alimentos y los procesos industriales. Esto podría obligar a los bancos centrales (como la Fed en EE. UU. o el BCE en Europa) a mantener las tasas de interés altas, frenando el crecimiento económico mundial. Si el flujo energético se detiene por meses, la combinación de alta inflación y baja producción podría llevar a las principales potencias a una estanflación (estancamiento con inflación).
El presidente Donald Trump ha anunciado medidas para contener el pánico en los mercados:
El despliegue de la Armada para proteger convoyes comerciales busca restaurar la confianza, aunque esto aumenta el riesgo de incidentes armados directos. El anuncio de Washington de ofrecer seguros estatales a precios razonables busca que las navieras no abandonen la ruta, evitando el colapso logístico.


