Los oleajes extremos han afectado en los últimos años las operaciones en los puertos del Pacífico sudamericano, un fenómeno que se intensifica debido al cambio climático. En particular, el puerto de San Antonio, el mayor de Chile y uno de los más importantes de la región, ha experimentado un aumento significativo de las marejadas que afectan tanto la infraestructura como las operaciones diarias.
El impacto de los oleajes extremos
Ubicado en la costa central de Chile, el puerto de San Antonio, a 120 km de Santiago, ha sido especialmente vulnerable a los oleajes extremos. Este puerto, que mueve aproximadamente 1,7 millones de TEUs (contenedores) anualmente, ha tenido que adaptarse a las condiciones cambiantes del mar. Las fuertes marejadas han derribado bloques de protección y, en algunos casos, han provocado cierres prolongados. En 2021, San Antonio tuvo que cerrar por un total de 74 días, ocho veces más que cuando comenzaron las mediciones hace 13 años.
El climatólogo Raúl Cordero explica que el aumento en la temperatura y el nivel del mar, impulsado por el calentamiento global, ha resultado en marejadas más intensas y frecuentes. Según Cordero, lugares que anteriormente no requerían protección ahora deben invertir en infraestructura para mitigar los efectos de estas condiciones extremas.
Obras de adaptación y refuerzo
Para hacer frente a este fenómeno, el puerto de San Antonio inició en 2024 un proyecto de refuerzo de su muro de protección. La inversión de 11 millones de dólares busca fortalecer un dique de un kilómetro de largo y 10 metros de alto. Aunque el mar sigue golpeando con fuerza, las obras ya han reducido significativamente los días de cierre: de 47 días en 2023 a 30 días en 2024. Se espera que el proyecto esté finalizado en el primer semestre de 2026.
El puerto de Antofagasta, en el norte de Chile, también está tomando medidas similares, planeando una ampliación de su muro de protección para reducir los cierres en un 90%.
Otros puertos afectados
El Callao, el principal puerto de Perú, también se ha visto afectado por los oleajes extremos. Aunque el puerto está protegido por un rompeolas de casi 13 metros de altura y las islas cercanas actúan como barreras naturales, las marejadas también han provocado cierres. A finales de 2024, el puerto tuvo que cerrar durante 10 días debido a olas que alcanzaron hasta los 4 metros de altura.
Además, el puerto de Manta, en Ecuador, ha enfrentado dificultades similares. Desde 2024, las marejadas han obligado al cierre del puerto por varios días, y la Autoridad Portuaria de Manta ha señalado que se están tomando medidas para reforzar las infraestructuras y adaptarse al impacto del cambio climático.
La necesidad de adaptación frente al cambio climático
El climatólogo Raúl Cordero señala que las soluciones ante estos desafíos serán costosas y requerirán una inversión significativa. A medida que el cambio climático continúa alterando las condiciones marinas, los puertos del Pacífico sudamericano deberán adaptarse a un futuro incierto, donde las marejadas extremas serán cada vez más frecuentes.
En conclusión, la protección de estos puertos no solo es crucial para el comercio regional, sino también para la seguridad de los trabajadores y la infraestructura. Sin embargo, el reto es grande, y la adaptación será clave para mitigar los impactos del cambio climático en el futuro cercano.