La actividad física nocturna ayuda a reducir el estrés acumulado, un factor que puede alterar la conexión intestino-cerebro, modificar la microbiota intestinal y ralentizar o acelerar la digestión, lo que puede causar hinchazón, estreñimiento e incluso episodios de diarrea. Por este motivo, caminar tras la cena puede mejorar el estado de ánimo y favorecer un descanso nocturno reparador.
Investigaciones recientes avalan la efectividad del paseo nocturno para mejorar la función intestinal. Un metaanálisis publicado en Frontiers in Physiology evaluó a más de 2.000 adultos y concluyó que caminar entre 20 y 30 minutos después de la cena mejora significativamente la motilidad intestinal y la calidad de vida en personas con estreñimiento funcional.
Los resultados mostraron que quienes adoptan este hábito presentaron una frecuencia de evacuaciones superior respecto a quienes permanecen sedentarios en la noche.
La Sociedad Española de Patología Digestiva recomienda incorporar caminatas nocturnas en pacientes con tránsito intestinal lento, ya que el ejercicio suave por la noche no afecta la calidad del sueño y ayuda a reducir síntomas digestivos ligados al estrés.