Millones de peregrinos representan una oportunidad para dinamizar la economía ecuatoriana

Por Joselyne buenaño

La fe también mueve la economía. Cada año, millones de personas se movilizan alrededor del mundo por motivos religiosos, generando una cadena de consumo que beneficia a sectores como el alojamiento, la gastronomía, el transporte, el comercio y la artesanía.

Ecuador busca aprovechar este potencial para posicionarse como un destino relevante de turismo religioso en América Latina, apoyado en su patrimonio cultural, sus santuarios, procesiones y celebraciones tradicionales.

Uno de los principales referentes es el Santuario de Nuestra Señora de El Quinche, que recibe alrededor de 2,5 millones de visitantes al año y se ubica entre los destinos de turismo religioso con mayor afluencia de la región.

Este movimiento representa una oportunidad para las economías de las comunidades cercanas. Hoteles, restaurantes, operadores de transporte, comercios, vendedores, artesanos y pequeños emprendimientos forman parte de una cadena productiva que puede incrementar sus ingresos durante las temporadas de mayor llegada de peregrinos.

A escala mundial, cerca de 400 millones de personas viajan cada año por motivos relacionados con la fe, mientras que en América Latina y el Caribe alrededor de 80 millones de personas se movilizan hacia destinos religiosos.

El desafío para Ecuador está en transformar este flujo de visitantes en una mayor permanencia y consumo. La estrategia apunta a ampliar la experiencia turística para que quienes llegan a un santuario también conozcan la gastronomía local, recorran atractivos culturales, adquieran productos de la zona, utilicen servicios de transporte y se hospeden en las comunidades.

El potencial se extiende a otros destinos. Quito, con la riqueza patrimonial y religiosa de su Centro Histórico, y el Santuario de El Cisne, en Loja, son otros puntos de concentración de peregrinos. A ellos se suman procesiones, fiestas religiosas y celebraciones tradicionales que generan importantes desplazamientos dentro del país.

Durante estas fechas, aumenta la demanda de alimentación, alojamiento, transporte, comercio y productos artesanales, generando oportunidades de ingresos para cientos de familias y pequeños negocios.

Por ello, uno de los principales retos es lograr que los visitantes permanezcan más tiempo y conozcan otros atractivos de cada localidad. La creación de circuitos turísticos podría conectar los principales puntos de peregrinación con la oferta cultural, gastronómica y patrimonial de sus alrededores.

De esta manera, el turismo religioso podría dejar de ser una actividad concentrada únicamente en determinados días y convertirse en una fuente de ingresos más constante para las comunidades.

Para Ecuador, el desafío es convertir su patrimonio religioso y cultural en una oferta turística competitiva, capaz de atraer visitantes nacionales y extranjeros y, al mismo tiempo, generar empleo y fortalecer a los emprendimientos locales.

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