La fe en el Cristo del Consuelo movilizó a Guayaquil

La familia Aymar Obando lleva más de 20 años con la tradición de caminar junto a la imagen de Cristo del Consuelo, cada Viernes Santo. Son más de 9 personas, entre hijos y nietos quienes peregrinan. Ángela Obando tiene la voz de mando en el grupo.  “Cubran a su abuelo” indica a sus nietos, quienes ayudan a que Guillermo Aymar se ponga en pie con sus muletas. Ellos confían en que la jornada de sacrificio es una forma de estar más cerca de Dios, para que se cumplan sus deseos de salud. Como esa familia miles de personas hacen el ritual, cada uno con una petición en particular.

La peregrinación inició a las 07:00 Esta costumbre no perdura en todas las familias guayaquileñas. En el caso de Eloisa, de más de 60 años, caminaba sola con una imagen y velas en la mano. Ella recuerda que acudía con sus padres a la procesión, pero ahora sus hijos no tienen su devoción. Ellos se quedan en casa, dice con pesar, aunque recalca que camina para pedir por la salud de toda su familia. Mientras muchos cargan su cruz personal hay quienes cumplen penitencias ofrecidas por favores recibidos.

Es una forma de exculpar los pecados, dice una mujer con lágrimas en los ojos, quien camina descalza y empapada por el sudor y el agua que cae de los balcones y de los carros de bomberos. La fe se manifiesta de diferentes formas, dice la devota, quien llega a una de las estaciones del viacrucis y entrega estampillas con la imagen del Señor de la Justicia.

Recalca que hace 4 años su local de comidas se incendió parcialmente. “El tanque de gas estuvo prendido por más de 15 minutos y la imagen estaba en medio de las llamas, pero no explotó, ahí comprobé que fue un milagro”, recuerda, mientras entrega la última de las 500 estampillas. El año que viene espera duplicar la cantidad. “Este año todo cambió, pero igual vine, hay que cumplir. Si pide con fe téngalo por seguro que se le cumple”, dice con fervor.

El cambio de recorrido causó un poco de incertidumbre, pero la presencia de policías ayudó a que la ciudadanía se sienta segura.

El Telégrafo

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