Arq. Mario Ponce Lavalle: Tiger Woods se congratula con sí mismo

Minutos después de ganar su quinto Masters, las palabras de Eldrick Tont Woods, nacido el 30 de diciembre de 1975 en Cypress, California, suenan épicas. De hecho, lo son. Quizás nadie lo sepa mejor que los agentes que el 29 de mayo de 2017 lo hallaron dormido al volante de su vehículo en Jupiter, un pueblo de Florida, EEUU, donde Tiger tiene un restaurante (“The Woods”). Se lo llevaron detenido.

Eran las 3:00 am y en su ficha de arresto detallaron los motivos preliminares: “Conducir bajo el efecto de alcohol o drogas”.

El “mugshot” -la foto que se toma al momento de fichar a los arrestados- mostraba un rostro desolado, dolorosamente coherente con la descripción de los policías.

Ya era historia con mayúsculas. Pero desde el domingo su leyenda es infinita. Tiger Woods ganó el Masters, su 15º grande, su quinta chaqueta verde, en lo que es seguramente el regreso más increíble jamás visto en el deporte mundial.

Para uno de los mejores golfistas del país, el Arq. Mario Ponce Lavalle, autor de este escrito ve el resurgir del estadounidense como una congratulación consigo mismo.

Tiger Woods, nunca tuvo un escándalo ni una salida de tono ni un problema de reglas ni de mal comportamiento en el juego, aspecto en el cual, el golf es implacable, como deporte ninguno”, sostuvo.

Woods era un adicto al sexo y eso le costó su matrimonio y también la mitad de la fortuna que hizo legal y nítidamente; $500 millones, es lo que “repartió” a su linda esposa a cuenta de sus devaneos.

Pero como a veces, el castigo divino no viene solamente por un lado, inmediatamente después del descalabro matrimonial, empezaron las lesiones de varios tipos: la mano, la rodilla y lo más grave, su columna. Tuvo que pasar por un sinnúmero de operaciones, las últimas de alta delicadeza y riesgo: “soldaron” sus vértebras y esa era su última oportunidad.

Luego, ya operado, tuvo que readecuar su ‘swing’ no solo por las operaciones, sino también por su edad, pues al tener ya más de 40 años, su velocidad y fuerza no eran las mismas de un joven que “partía” la pelota por lo fuerte que pegaba y además, empezó a reencauzar su vida personal a la par de no separarse de sus hijos a los cuales adora y ve seguidamente (esa condición puso en su divorcio).

Hace solo 2 años llegó a confiar a Nick Faldo que dejaba el golf y hace año y medio, confesó qué tal vez no podría volver a jugar, pero su grandeza hizo que ya operado empezara a domesticar a su nuevo cuerpo, ayudado por un equipo de élite, por supuesto, (tiene una rutina previa de más de tres horas antes de salir al campo) y volvió a competir, sin éxito al principio y mejorando poco a poco. Al final de la temporada pasada volvió a ganar en un torneo de la gira, lo cual volvió locos a sus fans, y en tres “majors” había husmeado las primeras posiciones, pero sus ojos estaban puestos en el Masters y lo que sucedió ha sido como de película: gana un major a los 11 años, frente a su madre hijos y novia, y se congratula con sí mismo, que es lo importante, antes que con la afición, que si, lo ha perdonado, pero aclarando que en la cancha nunca cometió los dislates y errores que otros de los nombrados en el artículo si lo hicieron.

Por: Arq. Mario Ponce Lavalle

Última Hora Ecuador

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