“Los adictos están destruyendo el sector”, dicen moradores de 8va etapa de la Alborada

Cada noche o muy temprano por la mañana, decenas de personas, ajenas al trajín de las calles, duermen plácidamente en las afueras de los negocios que integran la plaza comercial (aparentemente sin nombre) de la octava etapa de la Alborada.

Ubicada en la intersección de las avenidas Rodolfo Baquerizo Nazur y Benjamín Carrión, este lugar en el que años atrás funcionó un banco, un establecimiento de telefonía móvil y hasta una lavandería…, a decir de los moradores, en un lapso de tres años, se han convertido en ‘fumadero’ y guarida de ladrones y adictos.

Hace un mes Ana Moreno fue víctima de la violencia. Eran las 06:50, se disponía a tomar el bus para ir a la universidad y en el camino, justo cuando se paró frente a uno de los 16 locales -todos abandonados- que allí se levantan, un joven de entre 15 y 17 años la tomó a la fuerza y la arrinconó en un callejón. “El tipo tenía un cuchillo, era uno de los adictos reacios que siempre duermen allí. Olía mal, tenía los ojos caídos, hablaba lento”. Le robó el dinero y el celular.

A Carlos Astudillo, de 52 años, asimismo le quitaron su dispositivo. Un aparato que, según dijo, estaba bastante viejo. “A esta gente poco le importa que te saca, si sirve o no. Al parecer te roban por ganarse aunque sea $ 0,50 centavos, $ 1, lo que cuesta una dosis de hache”, argumenta el también vecino fundador de la zona, que pasadas las 19:00, pese a que su casa queda justo detrás de la plaza, prefiere caminar por la vereda de al frente por prevención.

Al menos 10 personas (de las 300 que viven en espacios públicos de la ciudad, de acuerdo con el Municipio) se reúnen allí cada noche. “Ahí duermen, consumen, hacen cosas indebidas, sexuales y, de vez en cuando, comen”.

Propietarios de negocios aledaños que prefieren quedar en el anonimato, aseguran que en los callejones de la zona se vende droga. “Uno escucha, los ve transar, fumar, pero no puede hacer nada más que llamar a la Policía. Tengo hijos pequeños, no tengo pareja y me da temor enfrentarme a ellos y que mañana les hagan daño”, la inseguridad la ha vuelto cobarde, dice la arquitecta y moradora de 38 años.

Sin embargo, este problema, que afecta también a los transeúntes que a diario circulan por el área -la Octava, al igual que el resto de etapas de la Alborada, es comercial y está rodeada de bancos, franquicias de comidas, parques, centros médicos y tiendas- no es el único que preocupa a los residentes.

El hecho de que tengan cartones y pequeñas colchonetas arrumadas en las esquinas del ‘minimall’, y que se hagan las necesidades en el piso, los abruma.

“Nos están fregando el barrio. Los adictos están destruyendo el sector”, matiza Arturo Escandón, quien tiene su casa a escasos siete metros del área en conflicto. De día y de noche todo huele a orina, a heces y animales muertos.

Diario Expreso  

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